Hay un gesto que se repite casi todas las semanas en consulta: la persona se coloca de perfil delante del espejo, se mira el cuello y se pellizca la zona que queda justo debajo de la barbilla. Y suele llegar acompañado de la misma frase: «he adelgazado, hago deporte y esto sigue exactamente igual».

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Es uno de los motivos de consulta más frecuentes y, a la vez, uno de los peor entendidos. Se habla de la papada como si fuera una sola cosa, un exceso de grasa bajo el mentón que debería irse al bajar de peso. Pero la zona submentoniana está formada por varias capas (piel, grasa, músculo y estructura ósea) y lo que ves de perfil puede venir de cualquiera de ellas, o de varias a la vez.

Saber qué capa está condicionando tu perfil es lo que determina el planteamiento, el tiempo de recuperación y lo que es razonable esperar. En este artículo te explicamos por qué aparece la papada, cómo orientarte sobre qué tipo tienes y qué se valora en cada caso.

Qué es realmente la papada

Cuando hablamos de papada nos referimos a la pérdida de definición del ángulo que forman el cuello y el mentón, lo que en términos médicos se llama ángulo cervicomentoniano. En un perfil armónico ese ángulo es marcado y la línea mandibular se distingue con claridad. Cuando se pierde, el cuello y la barbilla parecen fundirse en una sola línea y el rostro se ve más pesado y más envejecido, aunque el resto de la cara esté bien.

Ese cambio puede producirse por acumulación de grasa entre la piel y el músculo, por laxitud de la propia piel, por separación del músculo del cuello o porque el hueso que debería sostener la zona no tiene suficiente proyección. Son mecanismos distintos y por eso responden a cosas distintas.

Las cuatro causas de la papada

1. Grasa submentoniana

Es la causa que todo el mundo asume. Se trata de un depósito graso localizado bajo el mentón que, en muchas personas, tiene un componente genético y se comporta como una zona rebelde: no se moviliza al mismo ritmo que el resto del cuerpo cuando se pierde peso. Por eso hay pacientes muy delgados con papada evidente y personas con más peso y un perfil cervical definido.

Suele reconocerse porque al pellizcar la zona se nota volumen blando, la piel tiene buena calidad y, al estirar el cuello hacia atrás, el contorno mejora bastante.

2. Flacidez de la piel

Con los años la piel pierde colágeno y elasticidad, y el cuello es una de las zonas donde antes se nota porque la piel es fina y está sometida a movimiento constante. Aquí el problema no es que sobre volumen, sino que sobra envoltorio: la piel ya no se adapta a la estructura que hay debajo y cae.

Es típico que la persona diga que antes tenía «algo de papada» y que ahora, además, ve pliegues horizontales o una piel que se descuelga cuando mira hacia abajo. En estos casos retirar grasa sin más no solo no ayuda, sino que puede dejar la zona con peor aspecto, porque se vacía un espacio que la piel no es capaz de retraer.

3. El músculo platisma

El platisma es una lámina muscular fina que recubre el cuello. Con el tiempo sus dos mitades tienden a separarse en la línea media y a marcarse como dos cuerdas verticales, las famosas «bandas del cuello», que se hacen más evidentes al hablar o al tensar la mandíbula. Cuando el músculo pierde tono, además, deja de sostener los tejidos y el ángulo cervical se desdibuja aunque no haya mucha grasa.

Esta es una causa que el paciente casi nunca identifica por su cuenta y que, sin embargo, explica muchos resultados insuficientes: si el músculo no se trata, el contorno se queda a medias.

4. La posición del mentón y de la mandíbula

Hay perfiles en los que el problema no está en el cuello, sino delante. Si el mentón está poco proyectado, la distancia entre la barbilla y el cuello se acorta y el ángulo se cierra, de modo que aparece una papada visual incluso con poca grasa. Lo desarrollamos en detalle en este artículo sobre el mentón retraído y cuándo se corrige con cada técnica, porque es una de las confusiones más habituales del perfil facial.

Algo parecido ocurre cuando la línea mandibular está poco definida: al no haber un borde claro que separe rostro y cuello, todo se lee como una sola zona. En determinados perfiles se valora trabajar esa definición con marcación mandibular con ácido hialurónico, siempre tras una valoración médica que descarte que lo que hay debajo sea otra cosa.

Cómo orientarte delante del espejo

Esto no sustituye a una exploración, pero ayuda a llegar a la consulta con las ideas más ordenadas. Colócate de perfil, con la cabeza en posición neutra, y fíjate en lo siguiente:

Qué se plantea en cada caso

Cuando predomina la grasa

En pacientes con buena calidad de piel y un depósito graso localizado se valora la liposucción submentoniana, una intervención que retira esa grasa a través de incisiones muy pequeñas y que permite redefinir el ángulo cervical. Es un procedimiento con un perfil de seguridad bien conocido cuando lo realiza un cirujano plástico, aunque como toda cirugía tiene riesgos, contraindicaciones y un periodo de inflamación que se explican en consulta.

La clave está en la selección del caso: funciona cuando la piel puede adaptarse al nuevo contorno. Si no puede, el planteamiento es otro.

Cuando hay piel laxa o bandas musculares

Aquí entra el lifting de cuello, que actúa sobre las tres cosas a la vez: retira la grasa que sobra, trata el platisma y redistribuye la piel para recuperar un contorno definido. Es una cirugía de mayor envergadura que una liposucción y requiere más reposo, pero es la que aborda el origen del problema cuando el tejido ya no tiene capacidad de retracción.

En muchos pacientes el cuello no está aislado: si la flacidez afecta también a mejillas y línea mandibular, la conversación deja de ser solo cervical. En este repaso de los tipos de lifting facial según el grado de flacidez se explica cómo se decide hasta dónde hay que llegar en cada perfil.

Cuando el problema es estructural

Si el mentón no proyecta lo suficiente, ninguna técnica sobre el cuello va a dar un perfil armónico por sí sola. En esos casos se valora aportar proyección, ya sea de forma temporal o quirúrgica, y a menudo combinada con el tratamiento del cuello. La decisión se toma midiendo el perfil completo, no la zona aislada.

Lo que conviene descartar antes

Antes de hablar de técnicas hay cosas que se revisan siempre: el peso reciente y si está estable, la postura cervical (pasar muchas horas mirando una pantalla acentúa el acortamiento del ángulo), problemas tiroideos o glandulares que puedan justificar un aumento de volumen en la zona, y la calidad de la piel del paciente, incluido el tabaco, que condiciona la cicatrización.

También conviene ajustar expectativas con el tiempo de recuperación. La zona del cuello se inflama y pueden aparecer hematomas y sensación de tirantez durante las primeras semanas, y el resultado definitivo tarda meses en asentarse. Los resultados varían según cada paciente y se valoran de forma individual.

Por qué la valoración médica lo decide todo

La misma papada, en dos personas distintas, puede requerir dos abordajes que no se parecen en nada. Por eso no existe un tratamiento universal para esta zona, y por eso una consulta seria empieza por explorar, medir el perfil y explicar qué capa es la responsable en tu caso concreto.

En la consulta del Doctor Claudio Colombo, en Madrid, ese análisis del cuello y del tercio inferior del rostro se hace de forma presencial e individualizada antes de proponer nada, porque es la única manera de plantear una opción que encaje con tu anatomía y con lo que buscas. Puedes consultar también la información divulgativa de sociedades científicas como la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética para orientarte antes de decidir.

Si llevas tiempo mirándote de perfil y no terminas de entender por qué esa zona no cambia, el siguiente paso es sencillo: pide tu valoración con nosotros y te explicamos, con tu propio perfil delante, qué está pasando y qué opciones tienes.

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